Comienza el desarrollo de una vacuna ARNm contra el cáncer

La crisis sanitaria que el nuevo coronavirus SARS-CoV-2 ha desatado en todo el mundo supera ya los cien millones de contagiados y se ha cobrado la vida de al menos dos millones y medio de personas. Sin embargo el sabio refranero nos recuerda que no hay mal que por bien no venga, y en este caso, todo el infortunio que la pandemia nos ha dejado, viene también acompañado de algunos puntos verdaderamente positivos. Durante los últimos meses, hemos sido testigos de uno de los mayores esfuerzos científicos de toda la historia. Miles de investigadores, cientos de empresas, centros públicos e instituciones se han dedicado en cuerpo y alma a conocer el virus, a desvelar su genoma y, sobre todo, a encontrar una solución, ya sea en forma de tratamiento o de acuna, que pueda detener su avance. El resultado de toda esta labor ha dado sus frutos y en estos momentos contamos con media docena de vacunas debidamente aprobadas que ofrecen una eficacia muy esperanzadora.

De entre todos los avances creados o impulsados al amparo de este renovado ánimo científico destaca de manera notable la tecnología de ARN mensajero, en la que se basan algunas de las vacunas aprobadas, como las de Pfizer o Moderna. Explicado de manera sencilla y directa, este mecanismo utiliza moléculas de ARN para introducir en nuestro cuerpo las instrucciones necesarias que la célula necesita para hacer frente al virus que intenta infectarla. Una especie de correo electrónico en el que adjuntamos la información que nuestras defensas necesitan para reconocer y combatir al coronavirus. La revolución médica que este desarrollo ARNm nos brinda se antoja tan importante que los nombres de la bioquímica Katalin Karikó o el inmunólogo Drew Weissman, dos de los principales responsables de su desarrollo, ya suenan como futuros galardonados con el Premio Nobel de Química.

En 2018, un artículo premonitorio ya avanzaba las grandes posibilidades de usar ARN mensajero y auguraba una nueva era” en el campo de las vacunas. Sus autores presentaban esta tecnología como “una alternativa prometedora a los enfoques de vacunas convencionales gracias a su alta potencia, capacidad de desarrollo rápido y potencial de fabricación de bajo costo y administración segura”. Quién lo iba a decir pero todos y cada uno de esos elementos citados en el estudio han terminado siendo definitivos tres años más tarde.

Además, la importancia médica de estos nuevos avances y aplicaciones del ARN mensajero radica también en que no se limita a combatir la COVID-19 sino que se puede extender a un amplio espectro de enfermedades, también dramáticas y mortales, incluyendo algunos tipos de cáncer. Hoy mismo, se ha publicado un importante artículo en Nano Letters de ACS en el que investigadores del Programa Nacional de Investigación y Desarrollo Clave de China han desarrollado un hidrogel que, cuando se inyecta en ratones con melanoma, libera lentamente “nanovacunas” de ARN que logran reducir los tumores y evitan la metástasis.

 

Recuerden este nombre, porque es muy probable que lo escuchen con fuerza en el futuro: “Vacunas de inmunoterapia contra el cáncer”. Su funcionamiento es muy similar a las vacunas de ARNm para COVID-19, excepto que activan el sistema inmunitario para atacar tumores en lugar de virus. Esta nueva tecnología frente al melanoma, la forma más grave y letal de cáncer de piel, utiliza el ARN mensajero para introducir las instrucciones necesarias para codificar las proteínas elaboradas específicamente por las células tumorales. Con estos “planos” el ARN entra en la célula, comienza a producir la proteína tumoral y la muestra en su superficie, provocando que otras células inmunitarias puedan identificar, encontrar y destruir los tumores que también producen esta proteína.

En el estudio publicado, los investigadores utilizaron dos grupos de ratones con tumores de melanoma inyectando a uno de ellos la vacuna de ARNm en hidrogel. Esta solución liberó las nanopartículas durante un periodo de treinta días. Los resultados son muy prometedores ya que la vacuna de ARNm consiguió activar las células T y estimuló la producción de anticuerpos, consiguiendo que los tumores se encogieran en los ratones tratados. Además, a diferencia de los ratones que no fueron tratados, los que sí recibieron la vacuna no desarrollaron metástasis en órganos vitales como los pulmones.

Como siempre solemos destacar en este tipo de ensayos preclínicos, es conveniente ser prudente ya que sabemos que los resultados positivos en modelos animales aún están muy lejos de ser reproducibles en seres humanos. No obstante, los propios autores del estudio muestran su satisfacción y esperanza ya que, según destacan en EurekAlert, “estos resultados demuestran que el hidrogel tiene un gran potencial para lograr una inmunoterapia contra el cáncer, eficaz y duradera, en un solo tratamiento”.

 

Fuente: Yahoo Noticias

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