Caracas también se ríe

Por: Juan Eduardo Fernández

Según algunos estudios publicados, Caracas tiene la desdicha de ser la ciudad más violenta del mundo. Acá nadie se sorprende ya de las tomas de rehenes, los carteristas en la calle, los robos en el metro y en el transporte público, los mototaxis, el caos, la algarabía. Algunos podríamos comparar a Caracas con la primera escena de Tiempos Modernos, donde un rebaño de ovejas corre sin sentido y un grupo de personas se desplaza sin ver a los lados atropellando a todo mundo.

Sí, es cierto, Caracas está muy mal, pero lo positivo de esto es que en Caracas no todos somos malos. El otro día me alegró ver en el muro de mi Facebook el comentario de dos personas que profesaban su fe en la gente, específicamente en el caraqueño. Una de ellas comentaba que, en medio de la convulsión que significa viajar en el metro en hora pico, una joven se desmayó y todo el mundo le ayudó, de hecho (decía mi amiga) no le robaron nada, más bien la gente cuidó sus cosas.

Otra amiga explicaba en su muro que estaba usando muletas (por un accidente que tuvo) y que al tratar de cruzar una calle muy transitada, no la ayudaron a pasar a la otra acera, sino que los conductores pararon sus carros para que lo hiciera (sí, aunque parezca una cosa normal, es algo que no se ve mucho por esto días).

Y es que en Caracas no solo hay gente dispuesta a ayudarte, a hablarte aunque no te conozca; también hay gente que no solo te hace reír, sino que te quiere hacer reír. Aunque parezca loco, me he propuesto buscar a esa gente que vive en nuestra amada y maltratada Caracas y darla a conocer en algún momento.

En mi columna en ViceVersa, he presentado a personas como El Master Yoga de la Risa Jesús Regetti, a Reuben, a Domingo Mondongo (quien hace una labor muy loable con Doctor Yaso), Laureano, Emilio y a muchos otros que han hecho de la risa su forma de vida.

Aparte de los artistas antes mencionados, hay una larga lista de colegas del stand up que han decidido no solo bajar su estrés a través de la risa, sino ayudar a otros haciendo más llevadero su tránsito por esta ciudad y por este país.

Mi agradecimiento a todos ellos, pues, me han enseñado que a pesar de todos los problemas y vicisitudes que se pasan en Caracas (y en Venezuela) también se ríe, y mucho.

Llegará el día en que todo lo malo sea un recuerdo, y seamos de nuevo, la sucursal del cielo… Ya lo verán.

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