Aprendiendo argentino

Por: Juan Eduardo Fernández

La verdad sigo adaptándome a esta nueva vida en el sur. Buenos Aires es una ciudad maravillosa donde te encuentras un abanico de personas y de posibilidades. Gente de todas partes del mundo y de todo tipo confluyen aquí. Si usted cree que para conocer Buenos Aires, o mejor dicho la Argentina con hablar español le basta, déjeme decirle que no es tan así.

Una de las cosas que me ha costado es el idioma, sí, el idioma argentino. El primer choque cultural lo tuve cuando vi en el menú de un tarantín de comida (bueno si en un restaurant, lo que pasa es que quiero ponerle drama al cuento)  “Bife de chorizo”. Pues resulta que no es de chorizo sino de carne, es un filete. Acá comer es una proeza, pero no porque falte la comida, sino porque por lo general, los alimentos tienen nombres que no corresponden a su realidad.

Escuche usted amigo lector, si usted lee en un menú “sándwich de vacío” ¿qué le viene a la mente? Un pan sin relleno ¿verdad que sí? pues resulta que acá el vacío es un corte de carne característico del asado argentino. Para los venezolanoparlantes el vacío es la falda de res.

Otro de los platos que me ha causado impresión es el “pollo arrollado”, cuando lo vi escrito en el menú me pareció cruel que mataran al pollo poniéndolo en la mitad de la calle… llamé al dueño y lo encaré. Pues resulta que pollo arrollado en argentino es pollo enrollado o cordon blue de pollo.

Con el café es otro problema, acá le dicen cortado y la primera vez que pedí uno el tipo me preguntó: ¿Cortado? Y yo contesté: ¿Mire, si yo lo estoy pagando completo por qué me va a dar la mitad?
No, y la verdad he pasado hambre, dígame en el desayuno. Acá hay unos cachitos (porque esa vaina es un cachito) de hojaldre que llaman “facturas”. Pues antes de descubrir lo que eran, todos los días peleaba con el panadero porque no más al entrar el tipo me preguntaba ¿cuántas facturas quieres?

Yo lo veía con mara cara, y seguía mi camino, hasta que un día le dije:
-Hágame una sola factura, o factúreme solo lo que me coma, pero no ande usted ofreciéndome facturas de más, porque no se las pienso pagar.

En fin, por ahora me estoy manteniendo solo con choripán, que es el único alimento argentino (o por lo menos que he descubierto) que es realmente lo que dice ser, chori: chorizo y pan: pan = pan con chorizo.

En general ya le voy agarrando la caída a esta lengua latina, algo complicada.

Seguiremos informando.

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